Los suevos o cuando los políticos no saben Historia

suevos

Sentí un repelús intenso al escuchar, en un fallido intento de salirse por la tangente vía irónica, al señor Rajoy contestar a la pregunta sobre su opinión acerca de las recientes declaraciones de Aznar en las que ¡por fin! reconocía la inexistencia en Irak de armas de destrucción masiva (no olvidemos: argumento central para montar la invasión ilegal de ese país) o puede que sobre los interrogatorios de la policía española a los succionados en el campo de concentración neonazi de Guantánamo, con un â??no pretendo ser textualâ?? â??Mire usted, a mi hábleme de cosas serias y cercanas y no me hable de un asunto que es Prehistoria o como mucho de época de las invasiones bárbaras â??suevos- que lo que le interesa a los españoles es la actualidadâ?.

Me invadió el escalofrío porque la persona que se manifestaba de esa manera no era ni chirigotero mayor de la cuadrilla del Libi ni un orate que recorre tocando el cencerro las esquinas del pueblo, sino un personaje al que los suyos atribuyen una cabeza bien amueblada e incluso lo jalean como chispeante y ocurrente en su dialéctica y, lo que cataliza la desagradable sensación antes mencionada, que además pretende convertirse en futuro Presidente del Gobierno.

Y al analizar un poco su mensaje podíamos llegar a la conclusión de que en su teórica buena formación académica se observa una falla conceptual tan estrepitosa que, siguiendo las normas establecidas en la actual enseñanza secundaria, lo haría clarísimo candidato a ser uno más de los múltiples ejemplos de fracaso escolar completo que los informes PISA endosan una y otra vez a nuestro país, pues a bote pronto observamos:

  • Supina ignorancia en Matemáticas. No sabe distinguir cantidades y confunde 4 con 1600 años, con lo que cualquier problema que se le ponga (sobre euros o kilómetros de autopistas construidas sin que se dé en ellas corrupción urbanística), puede arrojar un resultado disparatado. Así que es mejor no pensar lo que ocurriría cuando elaborara los Presupuestos Generales del Estado.
  • No controla ejes cronológicos mínimos. Trocea la Historia como si de una morcilla se tratara y, siguiendo su esquema mental, es capaz de poner la Revolución Francesa antes que el primer triunvirato romano y si la invasión de Irak la sitúa en el siglo V, el desembarco de Normandía caerá a la altura de las reinos helenísticos y esto puede tener graves consecuencias para la salud mental de quienes â??como él- pretenden hacer de los conceptos â??Patriaâ? o â??Españaâ? pilares de un pensamiento ideológico, sin darse cuenta que con tanto salto de siglos, sus bienamados Reyes Católicos, timbre de unidad, pudieron no conquistar Granada por dedicarse a pintar bisontes en Altamira.
  • En asimilación de conceptos tipo â??Antes/ Despuésâ? no progresa adecuadamente pues si los vuelos clandestinos de la CIA con prisioneros secuestrados y torturados o la guerra de Irak, para él siempre ocurrieron en un â??antesâ? que como mínimo tuvo lugar en el Paleolítico, el falso axioma â??11 â??M : quién ha sidoâ? no puede vivirse en un â??ahoraâ? actual cuando el hecho fue coetáneo, un poco posterior, a la guerra que fue â??antesâ?, pese a que día a día celebren manifestaciones pidiendo aclaraciones, â??ahoraâ?, de los acontecimientos de Madrid.
  • Como se desprende del galimatías anterior, el no tener claro un â?? antes / despuésâ? condiciona también la idea â??delante / detrásâ? y puede que la acusada â??estadounidensefiliaâ?, unida a la confusión de conceptos, de Don Mariano termine pasándole factura si su amigo tejano Jorge lo invita a una â??sexpartyâ?, y le obligue a finalizar la fiesta de pie y escocido por no haber sabido colocarse correctamente.
  • Y así podríamos haber seguido hilvanando taras en las distintas áreas de conocimiento, desde el Francés, idioma perfectamente controlado cuando se trató de hacerle reverencias al Imperio hasta la Música (las bombas y los ayes pueden lograr la categoría de celestial), cuando en su Adaptación Curricular Individualizada sólo necesitaba aprender cuatro respuestas:
    • Contrición: Me equivoqué. Pido perdón.
    • Torpeza: No lo sabía (aunque por ello deba cargar con la apócrifa frase atribuida a la mujer de un prohombre hispalense cuando fue nombrado alcalde franquista: â?? Que mi marido era tonto lo sabíamos en casa, ahora lo sabrá todo el paísâ?).
    • Sumisión / Falta de personalidad: Me arrastró mi amigo José Mari al convertirse en mamporrero del chuleta de Texas.
    • Cinismo: Sabía lo de los secuestrados en Guantánamo, sabía lo de la inexistencia de armas de destrucción masiva, pero tenía un plan y me da igual lo que dijisteis y lo que digáis.

Por ello resulta especialmente doloroso comprobar como gente que blasona de una hipersensibilidad ante cualquier cuestión que roce, aunque sea tangencialmente, el terrorismo de ETA y se desgañita por â??la ausencia de libertades en Cubaâ?, tengan una manga tan ancha y tan escaso conocimiento geográfico (otra asignatura suspensa) cuando se trata de denunciar al campo de concentración de Guantánamo o se niegue a condenar las decenas de miles de muertos que la intervención en Irak, por ellos auspiciada, por ellos patrocinada (¿cuál es la diferencia ética o moral entre los que no condenan el terrorismo etarra y los que no lo hacen con el terrorismo â??intervencionistaâ??) ha ocasionado, pese a que todas las organizaciones mundiales de Derechos Humanos lo hagan.

Y para hacer justicia (y de camino honrar la memoria de Hermerico o Rekhiario), debemos denunciar las estupideces vengan de donde vengan para evitar que el españolito de a pie, harto de sandeces, pregone voz en grito su contundente y consabido â??Estoy hasta los suevosâ?.

Juan Rivera.

Jornadas de Interculturalidad “Beni Mellal – Córdoba”

Jornadas InterculturalidadLa próxima semana, entre los días 19 y 23 de febrero, se desarrollará la primera parte del proyecto de interculturalidad 2006/07 que actualmente trabajan docentes del I.E.S. â??Blas Infanteâ?? y del I.E.S. â??Gran Capitánâ?.

En esta ocasión el encuentro será con la ciudad marroquí de Beni Mellal, siguiendo un apretado programa de convivencia/ formación que posibilite y facilite el conocimiento del â??otroâ? y las realidades socioeconómicas y educativas de Andalucía y Marruecos, correspondiendo la organización de las Jornadas a la comunidad educativa del Instituto â??Blas Infanteâ? y la colaboración y apoyo al Instituto â??Gran Capitánâ?.

La segunda parte del proyecto, dentro de unos meses, se realizará con la ciudad tunecina de Testour, siguiendo un esquema de trabajo similar aunque en esa ocasión la organización correrá a cargo del Instituto â??Gran Capitánâ? y la colaboración y apoyo será del Instituto â??Blas Infanteâ?.

Aquel 11-S: Chile en el recuerdo

chile11s

El avance informativo de la televisión anuncia la muerte de Augusto Pinochet y no puedes evitar que te invada una sensación agridulce, pues la alegría ante la desaparición de unos de los personajes más odiosos del siglo XX queda empañada por la impunidad con la que abandonó este mundo, muriendo -al igual que el asesino Franco del que se sentía discípulo â?? no en la celda de la prisión que le correspondía sino en la cama.

Y sin darte cuenta, retrocedes a una ya lejana adolescencia, otoño de 1974, en un pueblo mal urbanizado del cinturón industrial barcelonés, preñado de andaluces y extremeños, hasta que aparecen los rostros cobrizos de Gustavo y Ezequiel, estudiantes de Medicina y Derecho, activos militantes a favor del gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende, uno en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, otro en el Partido Comunista Chileno; que han visto truncadas sus carreras universitarias para convertirse en bisoños peones de la metalúrgica en la que trabaja mi hermano mayor, recién llegados con lo puesto tras huir de un país sombrío y militarizado, conociendo el ya trágico destino de unos pocos compañeros pero ignorando la situación de tantos familiares y amigos detenidos, desaparecidos o , al igual que ellos, arrojados a cualquier rincón del planeta en la inesperada diáspora.

Y cerrando los ojos surge la olvidada habitación del piso suburbial en la que, a media voz que a veces se convierte en susurro, unos LPs de vinilo nos recuerdan como era la calle mojada recorrida por Amanda camino de la fábrica (y nos indignamos por el destino de Victor Jara y de tantos â??victor jarasâ? anónimos â?? tragedia, calvario y muerte â?? en el Estadio Nacional) o que â??el pueblo unido jamás será vencidoâ?, pese a que su camino esté alfombrado de derrotas, mientras coreamos a Quilapayún o nos envuelve la cálida voz de Pablo Milanés para hacernos pisar nuevamente las calles de Santiago ensangrentada y puede que retornen los libros y las canciones que quemaron las manos asesinas, pero la ensoñación se cierra y ya sabes que el pueblo renacido de sus ruinas no hará pagar sus culpas a los traidores.

Y entonces caes en que todo ocurrió un 11 de Septiembre y que esa fecha existía antes de que se apropiaran de ella los estadounidenses. Y que en aquel 11-S hubo terrorismo, asesinatos y un pueblo entero encarcelado por una minoría. Y a la cabeza de los verdugos, como ideólogo, patrocinador e impulsor estuvo el gobierno de Washington controlando a los matones disfrazados de Junta Militar,- jaleados por el conservadurismo más rancio-, aplicando a sangre y fuego la receta de â??Sudamérica patio trasero del Imperioâ?.

Y allí estaba Kissinger para respaldar que no se podía dejar a un pueblo convertirse en â??comunistaâ? por los votos aunque para ello debiera utilizarse la fuerza, para actualizar el añejo dicho se le aplicaba al nicaragüense Somoza y a cualquier dictador dispuesto a seguir sin pestañear las órdenes de la CIA; â??es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de putaâ?.

Aunque se silbase mirando para otro sitio, no queriendo escuchar los gritos desgarrados de los torturados, ni oler el sadismo de los torturadores pues necesitaban crear ,como experimento de laboratorio político, un país quebrado y asustado en el que aplicar las alucinadas recetas económicas de la escuela de Chicago, más tarde popularizadas con el nombre de â??Neoliberalismoâ?.

Y se potenció el mismo modelo por todo el cono Sur, campando a sus anchas los perros sin collares, una vez que el amo estadounidense les había soltado la cadena, por Brasil, Paraguay â?? veterana y adelantada-, Uruguay o Argentina en una multinacional del crimen de estado ideado desde la Casa Blanca, el Pentágono, con clases teórico â??prácticas en la escuela militar de Las Américas de Panamá, que se llamó â??Operación Condorâ?. Y aunque nos estremezca el â??tango de las madres locasâ?? de Carlos Cano o nos ponga la piel de gallina la â??Primavera para una esquina rotaâ?? de Benedetti, no podemos dejar de pensar que esas décadas trajeron , junto a la honestidad de Liber Seregni, militar demócrata uruguayo, prefiriendo la cárcel al golpismo o la osadía que da la desesperanza de las Madres de la plaza de Mayo, decenas de miles de muertos, centenares de miles de exiliados, millones de vidas rotas y un subcontinente arrasado para que los mismos de siempre, a veces hasta obsequiados con las visitas del Papa viajero, mantuvieran su estructura de poder.

Y todo ello comenzó en buena parte un 11 â??S. Y ese año de 1973 lleva en la fecha, una carga de dolor y desesperanza infinitamente mayor que las atrocidades posteriormente ocurridas en Nueva York, por lo que no se merece el olvido y la postergación a la que hoy se ve sometido.

Ni que caigamos en el juego del â??Muerto el perro se acabó la rabiaâ? cuando siguen mandando quienes se beneficiaron de las tiranías, que por no pedir, ni pidieron un simple perdón, limitándose a cumplir la orden del mentor: Otra vez toca jugar a la democracia formalâ? e intentar hacer creer que habían cambiado para que nada cambiase.

Y mientras el locutor desgrana datos sobre la vida sin milagros del fallecido, intento homenajear el asidero de la memoria, la fuerza que hizo posible seguir viviendo a los prisioneros de los campos de concentración nazis cuando se impusieron la tarea de recordar lo que pasaron y recordárselo a otros, pues el triunfo máximo del Fascismo es la ausencia de recuerdos, el olvido consciente de las víctimas. Por ello, lleno una copa de fino â??el Patoâ? y disfruto masticando el poema de Mario:

Vamos a festejarlo
vengan todos

los inocentes
los damnificados
los que gritan de noche
los que sufren de día
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden
los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan

vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica

cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices

hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas

se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera

vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto cualquiera

vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.

Juan Rivera.

Miradas

emigrantes

Tengo sobre la mesa cinco fotografías.

En la primera, un adolescente imberbe y de piel morena, con los ojos abiertos y asustados, sobre la cubierta de un barco donde se hacinan decenas de personas igual que él, parece comerse con la mirada el muelle del atracadero y la pared encalada sobre la que señorea un letrero rojizo: â?? Zona portuaria. Prohibido el paso a toda persona ajena al lugarâ?.

En la segunda un veinteañero de barba poblada deja caer su tristeza entre las púas de la alambrada que lo rodea, mientras que a los lados y al fondo centenares de siluetas lo imitan y de la masa sólo toma cuerpo la mujer enlutada que intenta amamantar a su hijo. Delante, soldados magrebíes dirigen sus fusiles hacia ellos.

La tercera es de una pareja, que posa entre pudorosa y alegre bajo un cartel de un idioma desconocido y él la coge tímidamente de la cintura mientras ella no pierde de vista la maleta, cartón con los cantos reforzados, que encierra todas sus pertenencias.

En la siguiente se ve una calle sin asfaltar donde una mujer cuarentona, oronda y dichosa, rodeada por seis niños y niñas de edades consecutivas, posa ante la puerta de una casa a la que se le nota el remozado y los arreglos en forma de azulejos de cuarto de baño recorriendo la fachada.

La última muestra a un coche blanco, de aspecto cochambroso, rebosando cuerpos y cabezas, con la baca llena de cachivaches, serpenteando por una carretera infernal, sin arcén ni rayas pintadas, en el calor de agosto.

La primera la firma Sebastián Marrero, canario y está fechada en marzo de mil novecientos veintidós, en un puerto sin especificar de Venezuela, al que acaba de llegar ,como lo han hecho antes centenares de miles de paisanos, en barcos insalubres que rebosan desesperanza y piojos, huyendo del hambre y, en su caso, de un reclutamiento que lo pueda llevar a la guerra de África tras el desastre de Annual.

El joven barbado de la segunda es el cordobés Luis Pulido durante su estancia, mil novecientos treinta y nueve, en el campo de concentración francés de Saint-Cyprien, donde inicio su exilio de â?? español de éxodo y llantoâ? tras la derrota del gobierno legítimo de la República en la guerra civil. La anónima mujer enlutada perdió el hijo como lo hicieron tantas madres que sin saber poesía, saborearon que sus hijos también estaban â??en la cuna del hambreâ?.

La pareja de la maleta acartonada, él con el traje de boda, ella con el abrigo de falso astracán que le regaló la señora al hacer limpieza del armario, se llamaban José y Rosario y posan bajo el letrero de la estación de Utrecht, al que un destino, año mil novecientos sesenta, en forma de amigo avispado los ha arrastrado. Son egabrenses e ignoran que sólo volverán a su tierra de vacaciones y que sus hijos serán holandeses aunque ellos se mueran sin terminar de comprender el idioma.

En la cuarta, remitida desde Jódar (Jaén), María desea trasmitirle a Juan que sus diez meses de albañil en Ginebra, cada año desde mil novecientos sesenta y dos , merecen la pena y que ahí están los seis hijos, fabricados en cadena, todos nacidos en mayo y la casa de la que sólo se ven los azulejos , siendo una lástima no haber â??retratadoâ? el cuarto de baño, primero del barrio con ducha y bidé, para demostrarlo.

La quinta es de la familia del orensano Julián Piñeiro, mil novecientos sesenta y nueve,a punto de llegar a la perdida parroquia del consejo de Leiro, donde aún vive la abuela, después de haberse zampado de un tirón la distancia entre Dusseldorf y Galicia.

Las fotografías se pueden barajar, intercambiando fechas y nombres , pero de todas ellas emerge la mirada de angustia y rabia ante la realidad y el deseo de ganarle el pulso al destino, para que ese niño , presente o entrevisto en algunas esquinas, alcance un futuro mejor y más digno.

Sebastián, Luis, José, Rosario, María, Julián…intuían que merecía la pena luchar. Lo que no podían imaginar es que sus biznietos, nietos e hijos, a la vuelta de la esquina, al descubrir en otros las miradas que un día no tan lejano tuvieron sus antecesores, iban a levantar el meñique, fruncir el ceño como si estuviesen oliendo mierda e inventarse una nueva historia en la que sus antepasados fueron, como mínimo, íntimos de la duquesa de Alba.

Juan Rivera Reyes